En el bosque

Iba perdida
aunque no asustada,
pisando hojas,
absorbiendo la humedad de aquella tarde
en la que se quedó olvidada en medio de la gigantesca arboleda.
Cuando aprendió a mirar tan alto y guiarse por el sol,
sus zapatos ya no huían del averno.
Sus recuerdos ya no pertenecían a lo terrenal,
el horizonte sólo estaba en la copa de las florestas,
el día y la noche eran una sola cosa
como el latido en su pecho,
la suma del sístole y el diástole.

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